martes 15 de diciembre de 2009
miércoles 9 de diciembre de 2009
_LA REVOLUCIÓN
En mi habitación la cama estaba aquí, el armario allá y en medio la mesa.
Hasta que esto me aburrió. Puse entonces la cama allá y el armario aquí.
Durante un tiempo me sentí animado por la novedad. Pero el aburrimiento acabó por volver.
Llegué a la conclusión de que el origen del aburrimiento era la mesa, o mejor dicho, su situación central e inmutable.
Trasladé la mesa allá y la cama en medio. El resultado fue inconformista.
La novedad volvió a animarme, y mientras duró me conformé con la incomodidad inconformista que había causado. Pues sucedió que no podía dormir con la cara vuelta a la pared, lo que siempre había sido mi posición favorita.
Pero al cabo de cierto tiempo, la novedad dejó de ser tal y no quedó más que la incomodidad. Así que puse la cama aquí y el armario en medio.
Esta vez el cambio fue radical. Ya que un armario en medio de una habitación es más que inconformista. Es vanguardista.
Pero al cabo de cierto tiempo… Ah, si no fuera por “ese cierto tiempo”. Para ser breve, el armario en medio también dejó de parecerme algo nuevo y extraordinario.
Era necesario llevar a cabo una ruptura, tomar una decisión terminante. Si dentro de unos límites determinados no es posible ningún cambio verdadero, entonces hay que traspasar dichos límites. Cuando el inconformismo no es suficiente, cuando la vanguardia es ineficaz, hay que hacer una revolución.
Decidí dormir en el armario. Cualquiera que haya intentado dormir en un armario, de pie, sabrá que semejante incomodidad no permite dormir en absoluto, por no hablar de la hinchazón de pies y de los dolores de columna.
Sí, esa era la decisión correcta. Un éxito, una victoria total. Ya que esta vez, “cierto tiempo” también se mostró impotente. Al cabo de cierto tiempo, pues, no sólo no llegué a acostumbrarme al cambio -es decir, el cambio seguía siendo un cambio-, sino que al contrario, cada vez era más consciente de ese cambio, pues el dolor aumentaba a medida que pasaba el tiempo.
De modo que todo habría ido perfectamente a no ser por mi capacidad de resistencia física, que resultó tener sus límites. Una noche no aguanté más. Salí del armario y me metí en la cama.
Dormí tres días y tres noches de un tirón. Después puse el armario junto a la pared y la mesa en medio, porque el armario en medio me molestaba.
Ahora la cama está de nuevo aquí, el armario allá y la mesa en medio. Y cuando me consume el aburrimiento, recuerdo los tiempos en que fui revolucionario…
Hasta que esto me aburrió. Puse entonces la cama allá y el armario aquí.
Durante un tiempo me sentí animado por la novedad. Pero el aburrimiento acabó por volver.
Llegué a la conclusión de que el origen del aburrimiento era la mesa, o mejor dicho, su situación central e inmutable.
Trasladé la mesa allá y la cama en medio. El resultado fue inconformista.
La novedad volvió a animarme, y mientras duró me conformé con la incomodidad inconformista que había causado. Pues sucedió que no podía dormir con la cara vuelta a la pared, lo que siempre había sido mi posición favorita.
Pero al cabo de cierto tiempo, la novedad dejó de ser tal y no quedó más que la incomodidad. Así que puse la cama aquí y el armario en medio.
Esta vez el cambio fue radical. Ya que un armario en medio de una habitación es más que inconformista. Es vanguardista.
Pero al cabo de cierto tiempo… Ah, si no fuera por “ese cierto tiempo”. Para ser breve, el armario en medio también dejó de parecerme algo nuevo y extraordinario.
Era necesario llevar a cabo una ruptura, tomar una decisión terminante. Si dentro de unos límites determinados no es posible ningún cambio verdadero, entonces hay que traspasar dichos límites. Cuando el inconformismo no es suficiente, cuando la vanguardia es ineficaz, hay que hacer una revolución.
Decidí dormir en el armario. Cualquiera que haya intentado dormir en un armario, de pie, sabrá que semejante incomodidad no permite dormir en absoluto, por no hablar de la hinchazón de pies y de los dolores de columna.
Sí, esa era la decisión correcta. Un éxito, una victoria total. Ya que esta vez, “cierto tiempo” también se mostró impotente. Al cabo de cierto tiempo, pues, no sólo no llegué a acostumbrarme al cambio -es decir, el cambio seguía siendo un cambio-, sino que al contrario, cada vez era más consciente de ese cambio, pues el dolor aumentaba a medida que pasaba el tiempo.
De modo que todo habría ido perfectamente a no ser por mi capacidad de resistencia física, que resultó tener sus límites. Una noche no aguanté más. Salí del armario y me metí en la cama.
Dormí tres días y tres noches de un tirón. Después puse el armario junto a la pared y la mesa en medio, porque el armario en medio me molestaba.
Ahora la cama está de nuevo aquí, el armario allá y la mesa en medio. Y cuando me consume el aburrimiento, recuerdo los tiempos en que fui revolucionario…
[Slawomir Mrozek]
jueves 26 de noviembre de 2009
_FANTASÍAS
Caras como poemas
caras enmudecidas,
sordas, inexpresivas [...]
Vidas como sueños:
sueños en blanco y negro
[ni vivos ni muertos].
Muertes entristecidas,
locas, envilecidas
que ríen y juegan
durmiendo en el desván.
caras enmudecidas,
sordas, inexpresivas [...]
Vidas como sueños:
sueños en blanco y negro
[ni vivos ni muertos].
Muertes entristecidas,
locas, envilecidas
que ríen y juegan
durmiendo en el desván.
martes 10 de noviembre de 2009
_la Rioja
jueves 29 de octubre de 2009
_TU IMAGEN
Tu imagen me llegó
a las seis menos diez
y no pude dormir
ni un instante después:
te confundías con mis sábanas,
te me enredabas en la sien.
Lucías tan real que casi fui feliz,
pero a las seis y diez
me comprendí sin ti:
eran mis solitarias sábanas
y una habitual mañana gris...
Y tú eras mi viento, mas no a favor;
eras mi barca en el pedregal;
eras mi puerta sin tirador;
eras mi beso buscando hogar.
Y tú eras un parto de antigüedad,
maña de un diablo desesperado;
eras espuma de soledad,
carne con llagas de desamor.
Y así fuiste la otra mitad
de amanecer
que no alumbró jamás.
(Silvio Rodríguez)
domingo 18 de octubre de 2009
_sierra de gata








Hoy quiero mostraros una zona muy poco conocida de España, y más concretamente, de Cáceres. Todo el mundo conoce el Valle del Jerte, Las Hurdes,... pero casi nadie se para a visitar los hermosos pueblos de la Sierra de Gata.
Fronteriza con Portugal y con Salamanca, es una zona con un gran encanto y con un carácter propio muy marcado. La 'hermana menor' de la sierra cacereña se caracteriza por su gastronomía, sus pueblos y su cultura.
Bien conocida es la miel y el aguardiente de la zona, al igual que el famoso y apreciado vino de pitarra [del que hacen referencia personajes tan dispares como Miguel de Cervantes o Francisco Pizarro]. En sus pueblos la piedra se torna en material de construcción fundamental [en Robledillo, Descargamaría,... la pizarra y en Hoyos, Acebo, Gata, Trevejo,... el granito] constituyéndose así una arquitectura tradicional muy característica.
Os recomiendo que visitéis la zona. Descubriréis muy gratas sorpresas...
Fronteriza con Portugal y con Salamanca, es una zona con un gran encanto y con un carácter propio muy marcado. La 'hermana menor' de la sierra cacereña se caracteriza por su gastronomía, sus pueblos y su cultura.
Bien conocida es la miel y el aguardiente de la zona, al igual que el famoso y apreciado vino de pitarra [del que hacen referencia personajes tan dispares como Miguel de Cervantes o Francisco Pizarro]. En sus pueblos la piedra se torna en material de construcción fundamental [en Robledillo, Descargamaría,... la pizarra y en Hoyos, Acebo, Gata, Trevejo,... el granito] constituyéndose así una arquitectura tradicional muy característica.
Os recomiendo que visitéis la zona. Descubriréis muy gratas sorpresas...
lunes 12 de octubre de 2009
_ESA ERES TÚ
Una mirada.
Un instante.
Esa palabra que lo dice todo.
Un fuerte latido
de mi entristecido corazón.
Una hermosa sonrisa
que se aferra a mi alma.
Esa eres tú.
Melancolía viciosa
por un poco de amor.
Un instante.
Esa palabra que lo dice todo.
Un fuerte latido
de mi entristecido corazón.
Una hermosa sonrisa
que se aferra a mi alma.
Esa eres tú.
Melancolía viciosa
por un poco de amor.
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